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La principal barra que sigue a Curicó Unido por cada cancha ha cumplido 21 años demostrando lo importante que es para ellos el club de su ciudad.

Gonzalo Basualto / Curicó Albirrojo

Curicó (Redacción Curicó Albirrojo) – Corría el año 1997, previo al Mundial de fútbol de Francia 98, al que -como todos sabemos- clasificó la selección chilena de dicho deporte. En Curicó, mientras tanto, el equipo Banda Sangre no pasaba por sus mejores momentos, y deambulaba en Tercera División buscando sobrevivir a través de diferentes iniciativas.

El 12 de octubre del 97 aparece como la primera vez de Marginales como barra organizada. Un grupo de jóvenes, mientras Chile enfrentaba a Perú, se propusieron comenzar a seguir al equipo de su ciudad. Al que los representaba y que los identificaba.

Siempre coordinados, los chascones de la época lograron comprar un bombo gracias a los dineros de cada partido del seleccionado chileno. Así lo indica el libro Pídeme la luna: 35 años de Curicó Unido de Leonardo Salazar: “Los saldos de dinero que dejaban los viajes a los partidos de la selección, se ocuparon para comprar el primer bombo”.

Con el paso de los años, se sumarían cientos de personas a un grupo familiar que sería cada vez más masivo, y que diría presente hasta en los rincones más extraños que los hinchas del Curi de hoy puedan imaginarse.

El 2004 se logra algo impensado por muchos: la personalidad jurídica mediante el nombre “Club Deportivo, Social, y Cultural Marginales”, llegando a transformarse en algo mucho más serio y legal institucionalmente.

Año a año, la barra organizada de Marginales recorre miles y miles de kilómetros  siguiendo al plantel profesional. Por tierra, por aire, no les ha importado. Mucho menos el dinero que deben haber invertido en cada temporada.

Este 2018, por ejemplo, han tenido la dicha de visitar ciudades ubicadas entre Iquique y Talcahuano, y no se extrañen si hasta Temuco llegan unos 400 curicanos -al menos- a fin de mes.

Actualmente lucen como una barra de Primera División, tras un equipo de la misma categoría. En cada cancha cantan dejándote sordo, y más aún cuando los guerreros albirrojos van cayendo. Se han ganado el respeto de todo Chile, ubicándose entre las más llamativas por su aguante y valentía siguiendo los colores blanco y rojo.