A propósito del décimo aniversario del campeonato obtenido en 2008, Curicó Albirrojo estrena su editorial “Los deberes del club de su gente”. Para el Curi, con cariño.

Hinchas en Curicó Unido vs. Palestino | (Foto: Gonzalo Basualto / Curicó Albirrojo)

Curicó (Redacción Curicó Albirrojo) – “Cuéntenos la dura… ¿Van por el ascenso?”. “Vamos por el oro”, respondería el entrenador Luis Marcoleta a la pregunta precisa del periodista de televisión cuando veían a un Curicó Unido encumbrado en la punta de la Primera B por vez inédita en su historia. Es que el club representante del Maule norte jamás había visto a los demás desde tan arriba en el profesionalismo. Eran palabras mayores, era un desafío gigante, era un reto enorme.

Es que era algo histórico. Aún cuando muchos partidos se habían ganado por la mínima aguantando, luchando a la curicana, el Curi estaba allí en lo más alto y se encaminaba a algo impensado. Daba miedo, sinceramente. No sabíamos qué nos esperaba.

Hasta que el 27 de octubre de 2008 se coronó lo que esa persona aguerrida, que lo siguió a todas partes tanto soñó. Así como nuestros antepasados nos contaban sobre Larry Aliaga, Sandalio, o el Lucho Martínez, nosotros vinos a Rodrigo Riquelme, Bibencio, o el Chuleta Vásquez cuidar cada pelota y hacernos tocar el cielo.

Así es cómo hemos sido afortunados de ser parte de las nuevas generaciones. Porque desde 2005 en adelante, las historias del Curi siempre han dado que hablar. Quizás no siempre arriba, muchas veces abajo, pero siempre peleando “algo” en los diferentes torneos en los que ha competido.

Pertenecemos a estos tiempos, los tiempos del Club de su Gente, de la única corporación en Primera División, y que sabemos tiene aún mucho por hacer. Cuidar sus raíces, no olvidar desde dónde viene, trabajar el fútbol formativo y vincularse aún más con la comunidad. Seguramente es parte de lo mínimo que se debe hacer como institución. Y desde ahí, hacia adelante, pensar en palabras mayores.

Ya estamos en la máxima categoría, esperamos seguir allí por mucho tiempo más, y por qué no dentro de poco ir en busca de una clasificación a un certamen internacional o pelear un campeonato. Pero antes de eso, miremos donde estamos, y jamás olvidemos desde dónde venimos.

No dejemos de recordar a Don Mario, ese personaje que es quizás la persona más importante en la historia del club. No dejemos atrás a la Señora Edith, que merece un monumento. Porque ellos son nuestro patrimonio, nuestra tradición, y principalmente nuestras raíces que no debemos olvidar. Porque si no fuera por ellos, probablemente nada de esto hubiese pasado.

Diez años se cumplen desde la continuidad de la nueva era. Esa que se empezó a pavimentar en 2005 con el regreso al profesionalismo, y que se coronó con el torneo de la B. El 2009 se tropezó, pero de los errores se aprende. Y hoy, que estamos ad-portas -si el de arriba quiere- de una cuarta temporada en Primera División, debemos también disfrutar lo que tenemos. Eso que nos pertenece. Nuestro club. Nuestra hinchada. Lo nuestro.