No todo fue tan terrible en 2004

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Curicó (Redacción Curicó Albirrojo)  – 2004 fue el año donde comienza mi aventura con el “Curi”, era un pendejo de 14 años y algo futbolero, de esos que pichangueaba de vez en cuando y de fútbol por la tele con suerte seguía a la selección chilena de Juvenal Olmos.

El primer partido que vi en La Granja fue en Agosto, ese equipo la rompía en tercera y mi primer partido estuvo malísimo contra una filial de Universidad de Chile que terminaría en empate a 1 (recordemos que el “Curi” venía una tromba ese año) sin duda me sentí “yeta”. El próximo encuentro que vi fue un 3-0 contra Unión Santa Cruz, el partido se disfrutaba distinto. Si hago el contraste con la actualidad, tercera división era otra cosa, es más, realmente la fiesta era otra fuera de la cancha, algo que estadio seguro nos quitó y que intenta remediar, pero no basta.

El partido que más recuerdo ese año fue en diciembre cuando estábamos en instancias decisivas. El rival, ya casi clásico; Trasandino de los Andes.

Como varios hinchas de esa época, recuerdo que fui con cuatro amigos, mi padre y un amigo de él (no querían que fuéramos solos, según ellos, la cosa se ponía violenta). Llegamos entre 2 a 3 horas antes del partido. Es decir entre las 14:00 -15:00 hrs (cagate de calor) la vieja galería se repletaba, llegar con esa anticipación en el fondo era una decisión bastante cuerda.

La salida de los jugadores fue increíble, infinita cantidad de papel picado, extintores en toda la galería, la bandera gigante… uno ahí, pendejo de 14 años queda loco.

El partido comenzó mal, trasandino arriba 1-0, el “Curi” empata minutos después y casi en la siguiente jugada, Trasandino marcó el 2-1 en el segundo tiempo. Vaya partido, como tres horas al sol y más encima perdiendo igual te sientes mal.

Pasando los 35 minutos el ánimo iba decayendo en el sector donde me encontraba, lo increíble era que solo una persona parecía no perder la esperanza, ya no lo podía reconocer pero él era el único que gritaba: “yaapuees, un grito por Curicó” cuando todos estábamos hechos mierda. Con mi grupo de amigos lo recordamos como “el único viejo que tenía fé”, saludos para él.

No recuerdo si el árbitro central había dado el tiempo de descuento -en tercera no existe el cuarto árbitro-. Recuerdo la jugada, en un tiro libre cerca del área, tocan corto a la derecha y un jugador remata fuerte al palo derecho del arquero, GOOLAZOOOOOOO. Quedó la cagada, se soltaron tablones, la galería aún era de madera, demasiada euforia para ser tan pendejo, mi grupo de amigos y yo nos dábamos por pagados con ese resultado, siempre es la raja gritar un empate al final de un partido, pero eso no era todo.

A los pocos minutos después, dejan solo al delantero del “Curi”, no puedo recordar su nombre y su número, define cruzado con un leve picotón a la salida del arquero (poner en bonitas palabras que quedo la pura cagaa en el gol) el grito: eeee olee ole ole ole curicoooo se escuchó mucho rato, para mí fueron varios minutos. En la cancha, la gente de trasandino discutiendo, expulsaron a su arquero y creo que un par más.

En las galerías se peleaba con los Carabineros, caían piedras, tablones, de todo. En fin, es todo lo que un pendejo espera de un partido, un sueño ganar al último minuto y con pelea en las tribunas en la edad que la violencia parecía divertida.

El desenlace de ese campeonato tal vez no nos gusta recordarlo, pero partidos como ese quedan en la memoria. Para la gente que no lo recuerde, podría comparar la euforia al 4-4 contra Unión Española en Febrero de 2018.

En otros equipos de divisiones inferiores los ascensos y buenas campañas generan multitudes que desaparecen a la campaña siguiente. El año 2004 fue tal vez el año donde la mayoría comenzamos a ir a La Granja no sabiendo, en ese momento, que esto sería para siempre.