En un nuevo #RelatoCA, Alfonso Bastías nos cuenta más acerca de la crack de Curicó Unido. ¡Notable!

Rangers vs. Curicó Unido femenino, por el clasificatorio a los Juegos Binacionales 2017. | (Foto: Curicó Albirrojo)

Curicó (Alfonso Bastías / De Chilena)  El Maule sabe de talento. A 10 kilómetros de Curicó, en la pequeña localidad de Lontué, reside el presente y futuro del fútbol femenino criollo. La técnica, potencia, inteligencia y pasión hechas persona. Su nombre es Javiera Grez Valenzuela.

Era una necesidad imperiosa dedicar líneas a una de las mejores jugadoras juveniles que han visto mis ojos. Detenerme a imaginar el futuro que podría depararle es aún más alucinante. Recuerdo hace tres años, cuando ella tenía 14, tuve la dicha de visitar su humilde hogar en la séptima región, a sólo un par de kilómetros de la principal carretera que conecta a todo el país. Ahí, tuve la oportunidad de conocer a fondo como crecía y las raíces de la futbolista que en ese entonces sorprendía a todos con su talento.

Su madre, orgullosa me indicaba las paredes que acogían cuadros con las imágenes de los inicios de su hija, a la vez que relataba como Javiera había decidido cambiar el sonajero por el balón del fútbol. A los pocos años, con su característica baja estatura, controlaba el balón, lo hacía suyo y pasaba entre las piernas de hombres y mujeres. Aquellas canchas llenas de barro que cuántas estrellas vieron nacer, veían el surgimiento de una estrella distinta a todas.

La Selección de la comuna de Molina, había sido la encargada de mostrar sus condiciones al resto de la región. Los aplausos bajaban desde la galería cada vez que la ‘Javi’ tomaba la pelota. Fue ahí, cuando Curicó Unido, decidió no dejar pasar a quien sería un verdadero milagro de Lontué.

Con ‘la banda sangre’ bien puesta y bajo las órdenes de Damián Muñoz, su historia comenzaba a escribirse más allá de los límites regionales. Todo el país comenzaba a ser testigo de su fútbol. Con 13 años, terminando su jornada escolar, llegaba a casa, tomaba su bolso, echaba los botines y se dirigía a los entrenamientos del ‘Curi’. Un escondido recinto deportivo en la población de Guaiquillo, cuya superficie no dejaba en claro si era barro, maleza o pasto mal cuidado, era el encargado de acoger las prácticas albirrojas. Para Javiera, las condiciones eran conocidas y junto a su club estarían ad portas de un histórico logro.

El 2013, Curicó Unido lograría lo impensado. David vencería a Goliat. Tras un largo camino el equipo maulino en su categoría sub 17 se coronaría campeón nacional luego de vencer a la Universidad de Chile. Un triunfo en el inconcluso estadio de La Granja y la victoria en una emocionante tanda de penales en el Centro Deportivo Azul de Santiago, terminarían por subir a lo más alto al club de Javiera. Se consagraba una inigualable generación que seguramente me inspirará en un nuevo relato más adelante.

A su corta edad, Grez ya era poseedora de la tan anhelada medalla dorada y aquello no haría más que alimentar su hambre de éxito. La temporada siguiente arrasaría con todo. No hubo defensa ni guardameta que no sufriera la letalidad de Javiera. 53 goles en 30 partidos dejan en manifiesto su inalcanzable registro aquel 2014 y explican el porqué de su apodo ‘Pequeña Gigante’.

Sus números y deslumbrante despliegue en la cancha, no dejarían inadvertidos a los encargados de la Roja en Quilín. Pero no sólo el entrenador de su categoría se vería tentado en contar con su talento. La Sub 20 e incluso la Selección Absoluta no veían con malos ojos incorporar a la ’10’ de Curicó Unido. En su ruta triunfadora se añadía una nueva parada. La capital era el escenario para seguir escribiendo su relato y trabajar junto a la Selección Chilena.

La ‘Pequeña Gigante’ se vistió de rojo y comenzó a cumplir el anhelo de todo futbolista, representar a su país frente al mundo entero. El sueño dejaba de ser sueño, el proyecto se volvía realidad. Así Javiera pavimentaba un nuevo camino que la llevaría a abanderar a Chile en el Sudamericano Sub 17 en Venezuela el año pasado y que seguramente la convierte en una carta inapelable de cara al torneo continental Sub 20 del próximo año.

Cómo no, si Grez ya la rompe hasta en la adulta. Y no sólo por haber empezado a los 15 años a jugar por el primer equipo de Curicó Unido, sino porque ha sido considerada por José Letelier en la nóminas de la Roja absoluta.

El 2016 pisó el Estadio Nacional Julio Martínez para enfrentar a Uruguay en lo que fue la fiesta del fútbol femenino chileno. La Roja lo ganó la mínima y con gol adivinen de quién, si, de Javiera Grez que nuevamente se hacía gigante entre las espigadas defensoras uruguayas y desataba la algarabía de cerca de nueve mil personas presentes en el reducto de Ñuñoa. Ahí estaba su familia, dichosos, orgullosos y emocionados. Vi a su mamá en los pasillos del recinto, a quien no veía desde aquella visita en su hogar de Lontué, tal como comenzó esta historia. La abracé y la felicité. No tenía palabras para responder.

Javiera está hecha de oro. En su ADN brilla el talento y el éxito, pero por sobre todas las cosas la humildad. Hoy tiene 17 años y aunque todos esperaban pronto verla brillando en alguno de los grandes de Santiago, aún defiende con honor la armadura de Curicó Unido. Lealtad, puede ser, paso a paso, es lo más probable, una historia que aún tiene muchas páginas por escribir, más que seguro.

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